Uno de los momentos más dolorosos en el cuidado de una persona dependiente ocurre cuando deja de reconocerte. No siempre sucede de forma brusca. A veces llega como una duda, una mirada vacía o una confusión que se repite hasta hacerse permanente. Cuando una persona dependiente deja de reconocerte, no solo se pierde un nombre o un rostro familiar. Se resquebraja un vínculo construido durante años y se abre un proceso emocional complejo que muchos cuidadores viven en silencio. El impacto emocional del no reconocimiento El no reconocimiento tiene un impacto profundo en el cuidador porque afecta directamente a la identidad compartida. La relación deja de ser bidireccional y el cuidador empieza a sentirse invisible dentro del vínculo. No es solo que la persona no sepa quién eres. Es la sensación de que la historia vivida juntos se borra unilateralmente, mientras el cuidador sigue recordándolo todo. Un duelo que no siempre se reconoce como tal Cuando una ...
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