LA CULTURA DEL CUIDADO DE LAS PERSONAS MAYORES EN LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE AMÉRICA LATINA ANTES DE 1492
Una aproximación histórica, antropológica y gerontológica a la vejez, la reciprocidad y la transmisión del conocimiento ancestral
Resumen
La historia del cuidado de las personas mayores en América Latina antecede ampliamente a la llegada de los europeos en 1492. En las sociedades originarias del continente, el envejecimiento y la atención a las personas mayores estuvieron vinculados, de formas diversas, con las relaciones de parentesco, la organización comunitaria, la transmisión oral del conocimiento, las prácticas de salud tradicionales y las concepciones espirituales sobre la vida, la muerte y la continuidad de los pueblos. Sin embargo, la diversidad cultural de América precolombina impide afirmar que existiera un único modelo de cuidado o que todas las comunidades otorgaran idéntico lugar social a la vejez.
Este artículo examina algunas evidencias procedentes de las sociedades nahuas o mexicas, mayas, andinas y muiscas, con apoyo en estudios históricos, arqueológicos y antropológicos. Asimismo, distingue entre las fuentes documentales elaboradas después de la conquista y las evidencias materiales que permiten aproximarse a las experiencias de vida anteriores a 1492. Se plantea que estudiar estas tradiciones contribuye a ampliar la comprensión histórica del cuidado y a reconocer la importancia de la memoria, la reciprocidad y la dignidad de las personas mayores en las reflexiones contemporáneas sobre la gerontología latinoamericana.
Palabras clave: cuidado ancestral, personas mayores, pueblos originarios, América precolombina, gerontología, reciprocidad, memoria colectiva.
1. Introducción: el cuidado antes de la llegada europea
La historia del cuidado en América Latina no comienza con la creación de hospitales, la institucionalización de los servicios sanitarios ni la aparición de las profesiones modernas relacionadas con la salud. Mucho antes de 1492, los pueblos originarios habían desarrollado formas propias de organización familiar y comunitaria, conocimientos sobre plantas medicinales, prácticas de acompañamiento durante la enfermedad y sistemas culturales para transmitir saberes entre generaciones.
En este contexto, la atención a las personas mayores debe estudiarse como parte de una historia más amplia de las relaciones humanas, la supervivencia colectiva y la organización social. Las personas que alcanzaban edades avanzadas podían desempeñar funciones relacionadas con la educación de niños y jóvenes, la conservación de la memoria, la orientación comunitaria, la agricultura, la medicina tradicional, la espiritualidad y la resolución de conflictos. La importancia concreta de estas funciones variaba de acuerdo con la sociedad, el género, la posición social, la experiencia y las circunstancias históricas.
Es necesario precisar que no contamos con registros directos y completos de la vida cotidiana de todas las comunidades prehispánicas. Buena parte de los testimonios escritos sobre Mesoamérica fueron recopilados después de la conquista, mientras que en los Andes y otras regiones la investigación arqueológica y bioantropológica resulta fundamental para reconstruir aspectos de la vida, la salud y el envejecimiento.
Por ello, hablar de una cultura ancestral del cuidado no significa atribuir las mismas costumbres a todos los pueblos ni idealizar el pasado. Significa investigar, con prudencia y respeto, las distintas formas en que las sociedades originarias organizaron la vida colectiva y respondieron a las necesidades de sus integrantes.
2. El cuidado como responsabilidad familiar y comunitaria
En muchas sociedades originarias, la familia extensa y las redes de parentesco constituían estructuras esenciales para la organización de la vida. La producción de alimentos, el trabajo, la crianza, la educación y la transmisión de conocimientos se desarrollaban frecuentemente mediante la cooperación entre integrantes de una comunidad.
Desde esta perspectiva, el cuidado no puede reducirse a una actividad exclusivamente doméstica ni interpretarse únicamente como una obligación de los descendientes. Formaba parte de relaciones sociales más amplias, en las que las personas contribuían de diferentes maneras al sostenimiento colectivo.
En las sociedades andinas, por ejemplo, las unidades de parentesco y pertenencia territorial conocidas como ayllu tuvieron una importancia fundamental. Estas agrupaciones articulaban vínculos familiares, derechos sobre la tierra, relaciones con los antepasados y mecanismos de reciprocidad. Jennings y Berquist (2023) analizan el papel histórico de los ayllus y muestran que estas organizaciones tuvieron una trayectoria compleja en los procesos de formación política andina.
Aunque esta evidencia no demuestra por sí sola cómo se atendía a cada persona mayor dependiente, sí permite comprender el contexto social en el que se articulaban la pertenencia, las obligaciones recíprocas y la continuidad entre generaciones.
La reciprocidad debe entenderse aquí como un principio social que podía vincular el trabajo, los recursos, la cooperación y las responsabilidades compartidas. No debe equipararse automáticamente con los sistemas contemporáneos de asistencia social ni suponerse que eliminaba las desigualdades o los conflictos familiares.
Desde la perspectiva gerontológica, esta aproximación invita a reconocer que el cuidado ha tenido históricamente una dimensión colectiva: las necesidades de una persona no se explican únicamente por sus condiciones físicas, sino también por sus vínculos, su entorno y las posibilidades de apoyo disponibles.
3. Los pueblos nahuas o mexicas: la palabra de los mayores y la educación entre generaciones
Entre los pueblos nahuas del centro de México, la tradición conocida como huehuetlatolli, traducida habitualmente como «antigua palabra» o «palabras de los antiguos», constituye una fuente importante para estudiar los valores, las normas sociales y los ideales educativos de estas sociedades.
Los huehuetlatolli contienen discursos dirigidos a distintas personas y pronunciados en circunstancias sociales significativas. Sus temas incluyen las responsabilidades familiares, la conducta, las relaciones sociales y la formación de las nuevas generaciones. Los estudios de García Quintana (1976) y Baudot (1982) muestran su relevancia como fuentes para la historia cultural nahua, aunque también advierten la necesidad de considerar el contexto colonial en el que fueron recopilados y transmitidos.
Estas composiciones permiten aproximarse a una concepción de la experiencia y la palabra como instrumentos de formación social. La transmisión de consejos, normas y conocimientos constituía una manera de orientar la conducta y mantener determinados valores comunitarios.
No obstante, sería incorrecto concluir que todos los mayores nahuas disfrutaban de idéntico prestigio o recibían siempre cuidados adecuados. Los discursos normativos expresan ideales culturales, pero no demuestran por sí solos cómo se comportaban todas las familias ni cuáles eran las condiciones materiales de vida de las personas mayores.
La principal enseñanza histórica es que la experiencia acumulada podía adquirir una función educativa y social. El conocimiento de quienes habían vivido más años podía contribuir a orientar a las generaciones jóvenes y a preservar la memoria colectiva.
4. Los pueblos mayas: vejez, memoria y diversidad de funciones sociales
Las sociedades mayas desarrollaron complejas tradiciones intelectuales, religiosas, políticas y artísticas. Su historia abarca numerosos pueblos y períodos, desde las sociedades preclásicas hasta las ciudades del período clásico y las comunidades posclásicas, por lo que no es apropiado hablar de una sola experiencia maya de la vejez.
La investigación sobre las personas mayores mayas prehispánicas presenta dificultades particulares. Los restos arqueológicos, las representaciones iconográficas, las inscripciones y las fuentes coloniales ofrecen evidencias parciales que deben interpretarse de forma crítica.
García Valgañón (2008) revisa la historiografía sobre la vejez en las sociedades mayas prehispánicas y destaca que la investigación ha prestado considerable atención a las figuras divinas ancianas, mientras que las experiencias de las personas mayores reales, especialmente de las mujeres, han recibido menor atención.
Las representaciones de figuras ancianas en el arte mesoamericano permiten estudiar asociaciones simbólicas entre edad, tiempo, autoridad y conocimiento. Sin embargo, una imagen de una divinidad anciana no constituye una prueba directa de cómo se cuidaba a una persona mayor enferma o con dependencia funcional.
En el ámbito comunitario, es razonable investigar el papel que pudieron desempeñar las personas mayores en la transmisión de conocimientos agrícolas, domésticos, medicinales y rituales. No obstante, estas funciones deben documentarse para cada sociedad y período, sin convertir hipótesis plausibles en certezas históricas.
La perspectiva de género también resulta indispensable. Las experiencias de las mujeres mayores pudieron diferir de las de los hombres debido a la distribución del trabajo, la posición social y las responsabilidades familiares. Las funciones asociadas con la partería, la preparación de remedios o la transmisión de conocimientos domésticos merecen una investigación específica, evitando reducir la contribución de las mujeres a estas actividades.
5. Los Andes prehispánicos: reciprocidad, territorio y continuidad de la comunidad
En las sociedades andinas, la organización de la vida estaba estrechamente vinculada con el territorio, la agricultura, el parentesco y las relaciones de cooperación. Estos elementos son relevantes para comprender el contexto en el que se desenvolvían las personas mayores.
Las relaciones de reciprocidad y las formas de trabajo colectivo ayudaban a organizar diferentes actividades económicas y sociales. En el mundo andino, las obligaciones podían establecerse entre parientes, comunidades y autoridades, aunque sus características variaban según el período histórico y la organización política.
Jennings y Berquist (2023), al estudiar la historia de los ayllus, muestran que estas unidades no fueron estructuras inmóviles ni simples agrupaciones familiares. Su desarrollo estuvo relacionado con transformaciones políticas, urbanas y territoriales de larga duración.
En consecuencia, no debe atribuirse a todas las comunidades andinas un sistema idéntico de atención a las personas mayores. La evidencia disponible permite analizar las estructuras de parentesco, reciprocidad y pertenencia, pero no siempre reconstruir de manera directa quién alimentaba, movilizaba o acompañaba a una persona con dependencia.
La importancia del territorio también merece atención. Los conocimientos sobre los ciclos agrícolas, las plantas, el agua, los animales y las condiciones ambientales podían acumularse a lo largo de la vida y contribuir a la continuidad de las actividades comunitarias. Cuando las personas mayores participaban en su transmisión, su experiencia constituía un recurso cultural y práctico para las nuevas generaciones.
Esta interpretación permite comprender que el valor social de la vejez no dependía exclusivamente de la capacidad física para realizar trabajo. También podía relacionarse con el conocimiento, la memoria, la experiencia y la pertenencia a una comunidad.
6. Los muiscas de los Andes orientales: evidencias arqueológicas sobre la vejez
El estudio de las sociedades muiscas que habitaron el territorio de la actual Colombia permite acercar la discusión al pasado prehispánico de la región.
Una investigación de Marulanda-Guaneme, Zárate Zúñiga y Rivas Estrada sobre la población de Nueva Esperanza, en Soacha, examinó cuatro individuos que alcanzaron edades relativamente avanzadas durante el período Muisca Temprano, entre los años 200 y 1000 de nuestra era.
Mediante análisis osteobiográficos, los autores identificaron evidencias de enfermedad articular degenerativa y afecciones bucodentales, entre ellas pérdida de dientes en vida, enfermedad periodontal y desgaste dental. Estos hallazgos contribuyen a estudiar las condiciones biológicas, las experiencias de vida y algunos efectos del envejecimiento en aquella población (Marulanda-Guaneme et al., 2022).
La relevancia de esta investigación reside en que permite abordar la vejez desde restos humanos concretos, y no exclusivamente a partir de relatos o representaciones simbólicas.
Sin embargo, es fundamental establecer un límite interpretativo: los huesos pueden aportar información sobre ciertas enfermedades, lesiones y procesos de envejecimiento, pero no revelan por sí solos quién prestaba cuidados, cómo se distribuían las responsabilidades familiares o qué sentimientos acompañaban la experiencia de envejecer.
Por tanto, la bioarqueología ayuda a reconstruir parte de la realidad corporal de las personas mayores, mientras que la comprensión de sus relaciones sociales requiere integrar otras evidencias históricas, arqueológicas y antropológicas.
Este tipo de investigación abre una línea de trabajo especialmente relevante para Colombia: estudiar la vejez prehispánica a partir de poblaciones identificadas, períodos definidos y evidencias materiales verificables.
7. Cuidado, salud y conocimientos tradicionales
Antes de la llegada de los europeos, los pueblos originarios de América habían desarrollado conocimientos sobre el entorno natural y prácticas diversas para responder a las enfermedades, las lesiones y otras necesidades relacionadas con la salud.
Estos conocimientos incluían el uso de plantas, técnicas tradicionales de atención, prácticas rituales y formas comunitarias de acompañamiento. Su existencia debe reconocerse dentro de sus propios contextos culturales, sin asumir que todas las prácticas tenían la misma finalidad ni que sus resultados eran equivalentes a los de los tratamientos biomédicos contemporáneos.
En relación con las personas mayores, es pertinente investigar cómo se articulaban los saberes medicinales con las redes de parentesco, las responsabilidades comunitarias y las concepciones culturales del cuerpo y la enfermedad.
Sin embargo, la evidencia disponible no permite establecer un protocolo general de cuidado prehispánico aplicable a toda América Latina. Tampoco permite afirmar que existieran procedimientos uniformes para la dependencia funcional, el deterioro cognitivo o las enfermedades crónicas tal como se definen actualmente.
Una lectura histórica responsable debe reconocer tanto el valor de los conocimientos ancestrales como los límites de la documentación. La recuperación de estas tradiciones exige identificar los pueblos, las fuentes y los contextos específicos, evitando atribuir propiedades terapéuticas no demostradas a prácticas antiguas.
8. ¿Existía un modelo ancestral de cuidado de las personas mayores?
La respuesta requiere distinguir entre la existencia de prácticas de cuidado y la existencia de un modelo común a todos los pueblos originarios.
Las evidencias disponibles permiten sostener que distintas sociedades americanas desarrollaron sistemas de parentesco, cooperación, transmisión de conocimientos y atención a las necesidades de sus integrantes. No obstante, no demuestran que todas las comunidades compartieran una misma concepción de la vejez ni que las personas mayores ocuparan siempre posiciones de autoridad o recibieran un trato favorable.
La experiencia de envejecer estaba condicionada por numerosos factores: el género, la posición social, las condiciones materiales, las enfermedades, la participación comunitaria y los cambios políticos. Además, las sociedades prehispánicas experimentaron conflictos, desigualdades y transformaciones internas.
Por eso, resulta más riguroso hablar de culturas ancestrales del cuidado, en plural, que de una única cultura latinoamericana del cuidado.
Esta precisión no disminuye la importancia histórica de los pueblos originarios. Al contrario, permite reconocer la riqueza de sus experiencias sin reducirlas a una imagen idealizada de armonía permanente.
9. De las tradiciones ancestrales a la gerontología contemporánea
El estudio histórico de las culturas del cuidado ofrece aportes importantes para la reflexión gerontológica actual. Uno de ellos es la necesidad de comprender a la persona mayor en relación con su historia de vida, su entorno, sus vínculos y su participación en la comunidad.
Otro aporte es reconocer que el conocimiento acumulado durante la vida constituye una dimensión importante de la identidad. La edad avanzada no puede definirse exclusivamente por las pérdidas físicas o cognitivas: también debe considerarse la experiencia, la autonomía posible, la capacidad de decisión y el papel que cada persona desea mantener en su entorno.
Un estudio contemporáneo de García, García y Curcio (2024), realizado con integrantes mayores de las comunidades inga y kamëntsá de la región andino-amazónica colombiana, identificó que la vejez se relaciona con la sabiduría, la identidad, la autonomía y la conservación de los conocimientos ancestrales. Los autores destacan el papel de la tradición oral y del territorio en la continuidad cultural de estas comunidades.
Este estudio no constituye una prueba directa sobre las prácticas anteriores a 1492. Se refiere a comunidades actuales, cuyas experiencias deben comprenderse en sus circunstancias históricas contemporáneas. Sin embargo, ofrece una perspectiva relevante para analizar cómo ciertos vínculos entre vejez, conocimiento y pertenencia cultural continúan teniendo significado en pueblos originarios.
Para la RLC y CLAPS, esta reflexión invita a promover una formación de cuidadores que reconozca la diversidad cultural de las personas mayores. El cuidado centrado en la persona requiere escuchar sus preferencias, respetar sus creencias, reconocer sus saberes y comprender que la autonomía no desaparece automáticamente cuando surgen necesidades de apoyo.
También exige evitar la apropiación superficial de las tradiciones indígenas. La incorporación de conocimientos ancestrales a los programas educativos debe realizarse con respeto por sus portadores, sus contextos y sus derechos culturales.
10. Conclusiones
La historia del cuidado de las personas mayores en América Latina es anterior a 1492 y forma parte de una trayectoria humana mucho más extensa que la historia de las instituciones sanitarias modernas.
Las evidencias históricas, arqueológicas y antropológicas permiten estudiar distintas dimensiones de esta realidad: la organización familiar y comunitaria, la reciprocidad, la transmisión oral del conocimiento, las representaciones culturales de la vejez y las condiciones biológicas de quienes alcanzaron edades avanzadas.
Las sociedades nahuas, mayas, andinas y muiscas ofrecen perspectivas diferentes que deben analizarse en sus propios contextos. Sus experiencias no pueden reunirse en un único modelo ni interpretarse mediante generalizaciones que ignoren las diferencias entre pueblos, períodos y territorios.
La investigación histórica también muestra que es necesario distinguir los ideales culturales de las prácticas cotidianas. La valoración simbólica de la experiencia no garantiza por sí misma que todas las personas mayores recibieran atención adecuada, del mismo modo que las evidencias de enfermedad no permiten concluir que carecieran de apoyo.
El principal aporte de esta aproximación consiste en reconocer que el cuidado es una dimensión fundamental de la organización social y de la continuidad cultural. Las personas mayores no deben estudiarse únicamente como individuos que envejecen biológicamente, sino también como sujetos con historias, conocimientos, vínculos y derechos.
Recuperar la memoria de las culturas ancestrales del cuidado puede contribuir a una gerontología latinoamericana más consciente de su historia, más respetuosa de la diversidad y más comprometida con la dignidad de las personas mayores.
Para quienes trabajamos en la formación de cuidadores, esta perspectiva representa una invitación a mirar más allá de la dependencia y reconocer a cada persona como portadora de una trayectoria vital que merece respeto, escucha y acompañamiento.
El cuidado tiene historia, territorio y memoria. Comprender sus raíces nos ayuda a construir prácticas contemporáneas más humanas, inclusivas y respetuosas de la dignidad.
Referencias bibliográficas
Baudot, G. (1982). Los huehuetlatolli en la cristianización de México: Dos sermones en náhuatl de Sahagún. Estudios de Cultura Náhuatl, 15, 125–145. Universidad Nacional Autónoma de México. https://nahuatl.historicas.unam.mx/index.php/ecn/article/view/78408
García, H. D., García, W. A., & Curcio, C. L. (2024). Aging in Indigenous Communities: Perspective from Two Ancestral Communities in the Colombian Andean–Amazon Region. Journal of Cross-Cultural Gerontology, 39, 189–205. https://doi.org/10.1007/s10823-023-09495-1
García Quintana, J. (1976). El huehuetlatolli —antigua palabra— como fuente para la historia sociocultural de los nahuas. Estudios de Cultura Náhuatl, 12, 61–71. Universidad Nacional Autónoma de México. https://nahuatl.historicas.unam.mx/index.php/ecn/article/view/78468
García Valgañón, R. (2008). La memoria de los ancianos mayas prehispánicos. Historiografía desde una perspectiva de género (siglos XX y XXI). Estudios de Cultura Maya, 32. https://doi.org/10.19130/iifl.ecm.2008.32.69
Jennings, J., & Berquist, S. (2023). Ayllus, Ancestors and the (Un)Making of the Wari State. Cambridge Archaeological Journal, 33(2), 349–369. https://doi.org/10.1017/S0959774322000336
Marulanda-Guaneme, C., Zárate Zúñiga, M. I., & Rivas Estrada, S. (2022). Conociendo a los Tybachas y a las Chutquas. Vejez durante el Muisca Temprano (200–1000 DC) de la población prehispánica de Nueva Esperanza, Soacha, Colombia. Revista Argentina de Antropología Biológica. https://doi.org/10.24215/18536387e053
Fisher, T. (2017). Taking care in prehistoric Latin America: A case study of care giving among hunter-gatherers in the Final Late Holocene. The Human Voyage, 1. https://studentjournals.anu.edu.au/index.php/hv/article/view/50
Nota editorial para su publicación
Para fortalecer la solidez académica del artículo, conviene tener presentes tres distinciones fundamentales:
Evidencia histórica: los textos nahuas recopilados durante la época colonial permiten estudiar tradiciones anteriores, pero deben analizarse considerando las transformaciones producidas por la conquista. Estudios de Cultura Náhuat
Evidencia arqueológica: el estudio de Nueva Esperanza, en Soacha, ofrece información concreta sobre el envejecimiento biológico en una población muisca prehispánica, aunque no permite reconstruir por sí solo las prácticas cotidianas de cuidado. Revista Argentina de Antropología Biológica
Perspectiva contemporánea: el estudio de las comunidades inga y kamëntsá ayuda a comprender la relación actual entre vejez, sabiduría y transmisión cultural, sin que sus resultados deban proyectarse automáticamente sobre el período anterior a 1492.
En la RLC & CLAPS creemos que el conocimiento compartido transforma vidas y fortalece las redes de apoyo.
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Estudiar e investigar el cuidado ancestral de las personas mayores en América Latina es una invitación a descubrir nuestras raíces, reconocer la riqueza cultural de los pueblos originarios y comprender cómo sus conocimientos, prácticas de reciprocidad y formas de organización comunitaria pueden aportar nuevas perspectivas al cuidado contemporáneo. Cada investigación nos permite rescatar memorias, cuestionar ideas preconcebidas y valorar la diversidad de experiencias que han acompañado el envejecimiento a lo largo de la historia. Investigar nuestro pasado no significa idealizarlo, sino aprender de él con rigor, respeto y sensibilidad para construir un presente y un futuro en el que cada persona mayor sea reconocida por su dignidad, su historia y su invaluable aporte a la sociedad.
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